El amor que identifica un discípulo.
Cuando hablamos del amor tenemos que analizar la clasificación que existe según los expertos en el tema, con el fin de identificar según el texto de Lucas 14:25 y 26 el amor que identifica a un verdadero discípulo.
El primero que tomaremos es el amor eros, que según los expertos era el dios griego que tiene el mismo nombre y el cual era el responsable de la atracción sexual y el patrón del amor entre hombres. Su estatua podía encontrarse en las palestras, uno de los principales lugares de reunión de los hombres con sus amados, y a el hacían sacrificios los espartanos antes de la batalla.
Según lo descrito para este tipo de amor encontramos que lo envuelve el paganismo, el homosexualismo, la obscenidad, la idolatría etc, que según el texto bíblico guía de nuestro tema nada tiene que ver con el amor que Dios le exige a un discípulo.
El segundo que podemos analizar es el amor fileo, el cual nos indica un interés por algo o alguien, o más aun un afecto por los amigos el cual se traduce como una fuerte amistad o una conexión emocional muy grande.
Al observar las características que componen este tipo de amor tampoco se encuentra catalogado dentro del amor que Dios exige a los discípulos, debido a que este amor sólo se concentra en el amor a lo que nos gusta o de lo cual tenemos algún afecto, pero en Mateo 5: 43 – 47. Jesús nos enseña que no solamente debemos amar a nuestros amigos porque de nada sirve, no hay recompensa ninguna y nuestra imagen de su comportamiento no va ser igual a aquel quien nos creo; sino que seremos iguales a todos los mortales que obran con impureza de corazón y solamente buscan o aman lo que les conviene y del cual pueden obtener beneficio propio.
El tercer tipo de amor que encontramos según los expertos es el storge, el cual es la manifestación de afecto por los padres, hijos, hermanos y esposos. Este aunque tiene un significado más profundo de amor por nuestros seres queridos también se encuentra limitado por nuestras emociones y sentimientos, debido a que si en algún momento nos invaden los sentimientos que segregan la ira, la venganza, el orgullo y demás emociones inmediatamente ahogarán los buenos sentimientos que teníamos por los más cercanos y ni que decir de nuestros enemigos que no tendrían ningún espacio en nuestra vida.
Adicionalmente, este amor no es tan completo porque estoy seguro que de una gran encuesta serían muy pocos los que den su vida por sus esposas, esposas, hijos, hermanos y padres y sumado al distanciamiento que el hombre busca cuando hay problemas de relaciones sociales o estas se tornan tormentosas, lo único que sucedería sería generar un gran abismo con quien estemos disgustados. Además que aislarse es simplemente un medio de escape para huir del problema, sin afrontar la verdadera situación y con amor verdadero perdonar para seguir adelante con victoria en nuestras relaciones diarias.
Por lo anterior este amor tampoco cumple todas las expectativas que Jesús plantea sobre el amor que deben tener sus discípulos por El.
Es por eso que ahora tenemos que abordad el amor agape, que es el amor que Dios tiene por la humanidad del cual se presenta en 1 Juan 4:9 y 10, En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Esto nos indica que el amor que llenó el corazón de Dios no era una mera emoción de su corazón por la humanidad, ni era tampoco un sentimiento que había experimentado en un momento determinado y el cual lo impulsó a realizar esta gran hazaña. Lo que el Espíritu Santo dice a nuestros corazones es que Dios tuvo una acción que inspiró a salvar la humanidad y esa acción estaba cargada de su amor, el cual supera totalmente al del hombre.
Por lo anterior Jesús al relatar del amor que debe tener un discípulo manifiesta que este debe ser superior a los antes mencionados ya que lo describe como algo más grande al amor que manifestamos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros hijos y esposos. Pero la exigencia no se limita a ellos exclusivamente sino que además debe superar al amor que tenemos por nosotros mismos.
Esto nos lleva reflexionar que este amor solamente puede ser formado por Dios en nuestro corazón, a través de su continua transformación por medio de la obra poderosa del Espíritu Santo en nuestra vida y del caminar como verdaderos discípulos, debido a que si esto ocurre nuestra voluntad no dependerá de nuestras emociones y sentimientos sino que al ser fortalecida por Dios podemos realizar un ejercicio continuo de nuestro amor por el Señor.
Esta voluntad debe estar alineada con una decisión deliberada que nazca de una mente trasmutada por su gracia y que nada de lo que acontezca a nuestro alrededor pueda desarraigar de nuestra razón el amor por su voluntad.
Cuando nuestra mente, corazón y voluntad se encuentran en las manos del Espíritu Santo, es allí cuando podemos realizar lo que Dios desea que debemos hacer; así lo que se exija no sea fácil y tenga por el contrario un costo muy alto.
Al estar en esta condición de rendimiento ante su voluntad podemos seguirle para aprender cada día de su palabra, y su propósito en nuestras vidas. También como los expresa Lucas 14 lograremos obedecerle a los preceptos y mandamientos que serán la lámpara que alumbre nuestro diario caminar, para que el fin de la carrera sea exitosa en nuestras vidas
Y finalmente, podremos morir a nuestro yo como verdaderos discípulos para que El sea cada vez más grande en rostros y podamos después de este proceso servirle con la mayor pasión como un verdadero siervo de su grey.
Ruego al Padre que esta sea la verdadera decisión que cada lector pueda experimentar en su corazón.
Amen
Edgar Rodríguez
El discípulo no es más que su maestro.
En nuestra condición como humanos es fácil y frecuente quejarnos de nuestras situaciones y creer que somos los más dignos de compasión, porque suponemos que nuestras situaciones son las más complejas que las de cualquier otro ser humano.
Sin embargo nuestro consuelo es Jesús, quien siendo el Hijo amado de Dios se hizo hombre y sufrió todas las crueldades hasta la muerte y muerte de cruz, las cuales no son comparables con las situaciones difíciles o complejas que a diario vivimos.
Por lo anterior, el Maestro nos dice en su palabra que si él siendo el poderoso que está sentado a la diestra de Dios y padeció estando aquí en la tierra, nosotros que somos sus discípulos y que hemos decidido seguirle, debemos imitar su vida en las agonías como seres humanos que vivimos para agradarle; aunque esta decisión produzca dolor, pero mayor debe ser nuestra imagen al imitar la victoria que siempre tuvo sobre cada circunstancia por imposible que esta fuera.
Por tal motivo de Mateo 10:16 al 24 podemos extraer un mensaje; que nos confirma que el ser discípulos tiene como propósito el experimentar tres etapas; que nos ayudan a crecer en su camino:
1. Pruebas:
Al observar las escrituras cuando menciona que el Señor nos ha enviado a este mundo como ovejas en medio de lobos, nos está anticipando y previendo de las dificultades que como discípulos debemos afrontar. Por tal motivo se menciona que seremos perseguidos, aborrecidos, vituperados y demás artimañas que el enemigo quiera inventar contra nosotros.
Por lo tanto, no es de extrañar que cada día estemos asediados por personas o circunstancias que se interponen y nos causan dolor en el camino de la vida y más cuando estamos aprendiendo como discípulos el camino del Maestro; debido a que es más frecuente y más dolorosa la carga porque el enemigo busca cumplir como ladrón su propósito de robar, matar y destruir las ilusiones de los discípulos y entonces viene el desánimo, viene la desesperanza, el querer retroceder, el darse por vencido.
Pero es aquí cuando el Señor nos enseña que debemos pensar y pasar a la segunda etapa:
2. Perseverancia:
Entonces la palabra es más enfática en mencionar que es necesario perseverar, es decir, que nos motiva a persistir en medio de los problemas, nos motiva a continuar en medio de la debilidad, nos motiva a insistir en medio del fracaso y nos motiva a permanecer en medio de la desesperanza; a perdurar sostenido de la mano del invisible para llegar a la meta propuesta por el gran Maestro Jesucristo y ver en nuestras vidas el propósito de formación que El ha diseñado para con cada discípulo.
Adicionalmente, su palabra nos afirma el tiempo que debemos perseverar, ya que nuestra condición de debilidad nos lleva a desfallecer y a desistir del camino que habíamos decidido seguir. Sin embargo El nos reafirma que es indispensable mantenerse hasta el fin de nuestros días, por lo tanto es vital continuar el camino demarcado por el creador; no mirando el problema que nos asecha, ni la debilidad que se apodera de nuestra mente, nuestros sentimientos y nuestras emociones volviéndonos cautivos del temor.
Por el contrario es aquí cuando debemos pasar a la tercera etapa:
3. Protección:
Es decir, que debemos poner nuestra mirada en aquel que dio su vida por nosotros y nos prometió enviar al Consolador para que esté de nuestra parte y pueda darnos la victoria prometida a los que le buscan y desean como discípulos aprender y crecer para llegar a ser como nuestro amado Maestro Jesucristo.
Es por eso que al examinar su palabra y cuando leemos que “cuando nos entreguen”, es decir, cuando los problemas, las circunstancias estén a la puerta tocando o frente a nosotros no nos debemos preocupar, porque la victoria no es nuestra sino que viene del Espíritu Santo, quien de acuerdo a las sagradas escrituras promete darnos, la palabra apropiada para cada circunstancia y el cómo afrontar las necesidades o problemas o demás situaciones que a nuestro caminar nos lleguen y ser de esta forma verdaderos discípulos que siempre vivamos superando todas las circunstancias y dando parte al Padre Celestial de nuestros éxitos en cada momento de nuestra vida con la ayuda de su Espíritu Santo.
Por tal motivo pido a Dios que quienes estén leyendo este pensamiento puedan ser tocados por el poder de aquel que es capaz de cambiar nuestras vidas y de hacernos verdaderos discípulos que tengamos presente cada etapa y que seamos fortalecidos por el precioso Espíritu Santo cuando las adversidades se hagan presentes y podamos seguir al maestro hasta el final de nuestra existencia.
Amen.
Edgar Rodríguez.









