| Casa de Oración Restauración y Avivamiento.
Sunday September 5th 2010

La alabanza que Dios quiere… (Parte 2)

hands_in_worship_2Sal 33: 2 Aclamad a Jehová con arpa; Cantadle con salterio y decacordio.  3 Cantadle cántico nuevo; Hacedlo bien, tañendo con júbilo.

En la primera parte de esta enseñanza analizamos el versículo 1 de este salmo. Ahora vamos a examinar un poco lo que implican los versos 2 y 3.

Lo primero que encontramos es que se exhorta, y mejor aún, se ordena alabar al Señor también con instrumentos de música. Esto es realmente importante de resaltar, porque increíblemente en la actualidad existen corrientes religiosas que afirman que no se deberían utilizar los instrumentos musicales en las iglesias, o más absurdo aún, que sólo se debería utilizar el arpa, el salterio y/o el decacordio como lo expone dicho verso 2. Lo que el Espíritu Santo quiere decirnos en este pasaje, es que desde luego que debemos alabarle con los instrumentos sin importar cuáles sean éstos, pero que eso no es lo que realmente importa, sino la motivación con la que lo hace quien lo hace. En esa época no existían los instrumentos eléctricos como el bajo, el teclado o la guitarra, o en el caso de la percusión como la batería o las congas, etc. Pero Dios no está en contra de los instrumentos musicales, de hecho en el versículo no se nombran las trompetas y éstas sí existían desde esa época. La pregunta sería, como ahí no se mencionan las trompetas, entonces ¿está mal alabar con ellas?, la respuesta por supuesto y a todas luces es NO. Está mal alabar con batería y guitarra eléctrica? NO. Es pecado utilizar instrumentos musicales que ha creado el mundo para alabar al Señor? NO.

Lo que en realidad el Señor aquí quiere decirnos es que utilicemos los instrumentos musicales para SU GLORIA cualquiera que éstos sean, porque en últimas éstos no lo son, a la verdad somos quienes los interpretamos o ejecutamos los verdaderos instrumentos. Esto lo sabemos porque dice: Aclamad a Jehová con arpa…implica la exaltación a Su Nombre, no por parte del arpa, sino de quien la toca que tiene como medio dicho instrumento. Cantadle con salterio y decacordio… quién? El que canta y el que ejecuta el instrumento musical…para quién? para él y sólo a él.

Johann Sebastian Bach, uno de los más grandes y geniales músicos de todos los tiempos, además un creyente asiduo del Dios Todopoderoso, estableció la siguiente máxima que complementa lo que venimos comentando:
“el único propósito de la música debería ser la gloria de Dios y la recreación del espíritu humano”.

Pasando al versículo 3, encontramos quizás el pasaje más interesante y confrontante de toda la Escritura para una persona que quiere alabar al Señor en un sentido más profundo y excelente…tal y como Él quiere que se le alabe. Habría que decir que aunque por contexto va ligado al plano musical directamente, no implica que no sea aplicable al concepto general de alabanza bíblicamente establecido.

Lo interesante de cómo comienza: “Cantadle cántico nuevo…”, es la reflexión que nos obliga a hacer con respecto a la innovación de nuestras alabanzas al Señor. El cántico nuevo alude a cantar cosas continuamente renovadas en nuestras congregaciones y en nuestros tiempos devocionales con el Señor, pero también y especialmente, al hecho de que mientras cantamos himnos o canciones conocidas el Espíritu Santo puede traer una melodía espontánea, no sólo a través de la voz sino de cualquier instrumento (lo que muchas personas de la congregación e incluso pastores no entienden), con lo cual el objetivo es que por supuesto Dios sea glorificado, pero también que el Señor hable a través de ello. Esto último es lo que se conoce bíblicamente como alabanza profética, ya que hay referencias en las que se dice que los sacerdotes profetizaban con los instrumentos (1Cro 25:3  De los hijos de Jedutún:  Gedalías,  Zeri,  Jesaías,  Hasabías,  Matatías y Simei;  seis,  bajo la dirección de su padre Jedutún,  el cual profetizaba con arpa,  para aclamar y alabar a Jehová.)…pero esto será tema de otra enseñanaza.

Lo más confrontante del versículo está al final y se centra en la expresión: Hacedlo bien, porque a veces las personas piensan que con cantar de cualquier forma o interpretar otro instrumento musical como a la ventura, está bien porque es “para la honra y gloria del Señor”, finalmente “no es para el mundo, es para Dios”, “es que cantar o tocar otro instrumento no es tan espiritual, por eso lo hago como salga…finalmente Dios ve es el corazón” y sí pero no…en fin… mas la Biblia nos dice: “HACEDLO BIEN”, lo que implica que existe la posibilidad de que podamos hacerlo mal por el hecho de creer que no es tan importante. Sin embargo con ésta frase el Espíritu Santo está exhortándonos a dejar toda religiosidad a un lado y en el caso de los músicos y llamados a un ministerio de alabanza, a preparase, a ensayar, a estudiar y a mejorar en su desempeño instrumental para que en realidad sea una labor con excelencia y no a medias.
Muchos ministros de alabanza no oran, no ayunan, no saben qué dice la Biblia acerca del ministerio, no ensayan, no estudian sus instrumentos, etc. y quieren que Dios les use. Todo lo anterior es hacerlo mal.

Y para los creyentes en general hacerlo mal, en un sentido mucho más profundo, es también el hecho de alabarle sólo los domingos en las reuniones o en cada culto en la iglesia, pero el resto de la semana relucen las quejas continuas, el espíritu amargado, el ánimo afligido, el olvidarse de cuánto el Señor les guarda a diario en sus desempeños, cómo suple continuamente para sus necesidades, etc. Hacerlo mal es alabarle con los labios, pero vivir una vida que no respalda el hecho de que se le diga: cuánto Te amo, cuánto te exalto, cuánto te adoro…porque vivimos alejados de Él, sin conocerle a diario, sin intimar con Él, sin obedecerle, como lo dice en Isaías 29:13  Dice,  pues,  el Señor:  Porque este pueblo se acerca a mí con su boca,  y con sus labios me honra,  pero su corazón está lejos de mí,  y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.

Y finalmente la exhortación del Espíritu Santo al cerrar este verso en particular es la misma que como comienza el verso 1, y no es otra que la invitación a tocar los instrumentos con gozo, con júbilo, con alegría para el Señor. No con amargura, con tristeza, con regocijo a pesar de lo que podamos estar padeciendo o la situación por la cual estemos atravesando.

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