| Casa de Oración Restauración y Avivamiento.
Sunday September 5th 2010

El amor que identifica un discípulo.

Kawapaper_Landscape_0000010_1280x1024Cuando hablamos del amor tenemos que analizar la clasificación que existe según los expertos en el tema, con el fin de identificar según el texto de Lucas 14:25 y 26 el amor que identifica a un verdadero discípulo.

El primero que tomaremos es el amor eros, que según los expertos era el dios griego que tiene el mismo nombre y el cual era el responsable de la atracción sexual y el patrón del amor entre hombres. Su estatua podía encontrarse en las palestras, uno de los principales lugares de reunión de los hombres con sus amados, y a el hacían sacrificios los espartanos antes de la batalla.

Según lo descrito para este tipo de amor encontramos que lo envuelve el paganismo, el homosexualismo, la obscenidad, la idolatría etc, que según el texto bíblico guía de nuestro tema nada tiene que ver con el amor que Dios le exige a un discípulo.

El segundo que podemos analizar es el amor fileo, el cual nos indica un interés por algo o alguien, o más aun un afecto por los amigos el cual se traduce como una fuerte amistad o una conexión emocional muy grande.

Al observar las características que componen este tipo de amor tampoco se encuentra catalogado dentro del amor que Dios exige a los discípulos, debido a que este amor sólo se concentra en el amor a lo que nos gusta o de lo cual tenemos algún afecto, pero en Mateo 5: 43 – 47. Jesús nos enseña que no solamente debemos amar a nuestros amigos porque de nada sirve, no hay recompensa ninguna y nuestra imagen de su  comportamiento no va ser igual a aquel quien nos creo; sino que seremos iguales a todos los mortales que obran con impureza de corazón y solamente buscan o aman lo que les conviene y del cual pueden obtener beneficio propio.

El tercer tipo de amor que encontramos según los expertos es el storge, el cual es la manifestación de afecto por los padres, hijos, hermanos y esposos. Este aunque tiene un significado más profundo de amor por nuestros seres queridos también se encuentra limitado por nuestras emociones y sentimientos, debido a que si en algún momento nos invaden los sentimientos que segregan la ira, la venganza, el orgullo y demás emociones inmediatamente ahogarán los buenos sentimientos que teníamos por los más cercanos y ni que decir de nuestros enemigos que no tendrían ningún espacio en nuestra vida.

Adicionalmente, este amor no es tan completo porque estoy seguro que de una gran encuesta serían muy pocos los que den su vida por sus esposas, esposas, hijos, hermanos y padres y sumado al distanciamiento que el hombre busca cuando hay problemas de relaciones sociales o estas se tornan tormentosas, lo único que sucedería sería generar un gran abismo con quien estemos disgustados. Además que aislarse es simplemente un medio de escape para huir del problema, sin afrontar la verdadera situación y con amor verdadero perdonar para seguir adelante con victoria en nuestras relaciones diarias.

Por lo anterior este amor tampoco cumple todas las expectativas que Jesús plantea sobre el amor que deben tener sus discípulos por El.

Es por eso que ahora tenemos que abordad el amor agape, que es el amor que Dios tiene por la humanidad del cual se presenta en 1 Juan 4:9 y 10, En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

Esto nos indica que el amor que llenó el corazón de Dios no era una mera emoción de su corazón por la humanidad, ni era tampoco un sentimiento que había experimentado en un momento determinado y el cual lo impulsó a realizar esta gran hazaña. Lo que el Espíritu Santo dice a nuestros corazones es que Dios tuvo una acción que inspiró a salvar la humanidad y esa acción estaba cargada de su amor, el cual supera totalmente al del hombre.

Por lo anterior Jesús al relatar del amor que debe tener un discípulo manifiesta que este debe ser superior a los antes mencionados ya que lo describe como algo más grande al amor que manifestamos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros hijos y esposos. Pero la exigencia no se limita a ellos exclusivamente sino que además debe superar al amor que tenemos por nosotros mismos.

Esto nos lleva reflexionar que este amor solamente puede ser formado por Dios en nuestro corazón, a través de su continua transformación por medio de la obra poderosa del Espíritu Santo en nuestra vida y del caminar como verdaderos discípulos, debido a que si esto ocurre nuestra voluntad no dependerá de nuestras emociones y sentimientos sino que al ser fortalecida por Dios podemos realizar un ejercicio continuo de nuestro amor por el Señor.

Esta voluntad debe estar alineada con una decisión deliberada que nazca de una mente trasmutada por su gracia y que nada de lo que acontezca a nuestro alrededor pueda desarraigar de nuestra razón el amor por su voluntad.

Cuando nuestra mente, corazón y voluntad se encuentran en las manos del Espíritu Santo, es allí cuando podemos realizar lo que Dios desea que debemos hacer; así lo que se exija no sea fácil y tenga por el contrario un costo muy alto.

Al estar en esta condición de rendimiento ante su voluntad podemos seguirle para aprender cada día de su palabra, y su propósito en nuestras vidas. También como los expresa Lucas 14 lograremos obedecerle a los preceptos y mandamientos que serán la lámpara que alumbre nuestro diario caminar, para que el fin de la carrera sea exitosa en nuestras vidas

Y finalmente, podremos morir a nuestro yo como verdaderos discípulos para que El sea cada vez más grande en rostros y podamos después de este proceso servirle con la mayor pasión como un verdadero siervo de su grey.

Ruego al Padre que esta sea la verdadera decisión que cada lector pueda experimentar en su corazón.

Amen

Edgar Rodríguez

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