En el transcurso y evolución de la historia las comunicaciones han sufrido una transformación de fondo y forma sustancial de acuerdo a quién vaya dirigido, el contexto histórico, etc.
No es el mismo cuerpo de un comunicado de la gerencia de una empresa a la de una encomienda hace siglos.
El voz a voz publicitaba los eventos de una nación o pueblo, junto con las cartas llevadas por veloces caballos que difundían los mensajes, nada que ver con las vallas publicitarias o afiches a todo color que ahora han contribuido a la contaminación visual.
En la Edad Media no existía una circulación a cerca de los temas que tan abiertamente tratamos hoy como la moda, el sexo, la música, la religión y la política entre otros. Ahora son el pan de cada día, si son más picantes y controversiales mucho mejor.
Comunicar no es malo, ni a través de qué tecnología, el punto es cuál es el mensaje a llevar, o qué influencia produce la comunicación.
Las constituciones de los países cambian, las leyes se aprueban, se modifican o se abrogan. Los contenidos de las revistas, periódicos, programas de televisión se ajustan a la cotidianidad de la sociedad, la libre expresión de pensamiento ha tomado todos los medios. El atraer las masas es un interés tal que no importa si el contenido de los mensajes es obsceno, deshonesto, superfluo y demás.
No obstante, la Palabra de Dios nunca ha tenido que ajustarse a los cambios de tiempo o mentalidad, es un libro perfecto que tiene un mensaje incorruptible e inmutable, dirigido a toda clase de persona sobre la faz de la tierra; no depende de las modas o conveniencias humanas, nunca se ha retractado en su contenido cuando dice a la humanidad que es necesario arrepentirse y conocer a Cristo de una forma real y personal par perdón de los pecados. Jamás ha dicho equivocarse por oponerse a los comportamientos humanos que ahora pretendemos avalar todo en pro de la tolerancia, la convivencia y el derecho a la libre expresión.
Por eso hablar de Dios y de su mensaje nunca será un error ni un acto pasado de moda, es la respuesta a un hombre que ha tenido que modificar y corregir por su imperfección que requiere urgentemente al único perfecto que jamás se errado, ni ha tenido que modificar su esencia, el que se las sabe todas: El Dios Eterno, quien nos ama y espera que todos le aceptemos como nuestro estilo de vida.
Andrés Dallos









